La Princesa y la Flor
La Princesa y la Flor
Salió en la mañana una hermosa princesita escoltada de palaciega comparsa. Iba engalanada con finas sedas de Japón y China. Junto a ella un paje protegía su alba piel con un parasol, tal que no fuese a desmerecer con los rayos del lucero mayor. Cada uno de sus gestos y palabras era recibidas y festejada entre risas y expresiones por la entusiasta comitiva. Dirigió sus delicados pasos hacia el magnífico jardín de palacio con la intención de seleccionar una flor que junto a la diadema real engalanara sus cabellos dorados.
En el amplio vergel abundaban espléndidas flores cultivadas con amor por el jardinero. La selección era difícil por ser todas delicadas, fragantes, preciosas. Entre el sequito produjese discusión sugiriendo cada cual la de su preferencia.
- Los tulipanes vienen de Holanda y más vistosos que ellos no existe flor.
- Tal pudiese decirse de los lirios y jazmines
- La hortensia es llamativa por ser mayor su tamaño y larga su vida
- Otro tal puede decirse de crisantemos y geranios
- Un clavel siempre es atractivo, sea rosa, rojo o blanco
- Sugiero una rosa u orquídea que ganan en fragancia y belleza
- Las diminutas azaleas resultan ser más delicadas para una princesa.
De repente de la nada salió corriendo una criatura descalza y una madre que gritaba:
- Venga acá mi niña que no puede interrumpirse el paseo de las visitas reales.
Era Doña Juana, la esposa de jardinero, reprimiendo a su hija por aquella conducta disparatada que sorprendió a la comitiva. Los previos alegres rostros y risas tornándose en rictus severos y palabras de enfado, disgusto y encono ante la imprevista molestia.
La princesita asombrando a su séquito. Le dio un alto a la niña agarrándola con las manos y pregunto:
- ¿Dime tú, que no tienes obligación de halagarme con gestos o soflamas, cual es la mejor flor?
La niña sin decir palabras cruzo la calzada que separaba el jardín de un yermo predio. Junto a la zanja recogió silvestres margaritas que llevo a la princesa. Esas simples, humildes y sencillas; esas que no se cultivan, fueron las elegidas para lucir junto a la diadema.
8 de mayo del 2014
- mi adorada hija, a mis queridas nietas
Toa Baja, Puerto Rico

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