Regalo del Dia de Los Padres
- Cuento corto o premonición
Juan Ricardo estaba que bailaba en un solo pie fuese una tarantela, rock, guaguancó, merengue, salsa o de los ritmos modernos que ni sabia como se llaman. Fue el regalo que dieron su esposa Amparo y sus no me acuerdo cuatro hijos. Al fin saldría de aquella casa donde había vivido más de medio siglo; de las tareas de cortar césped, pintar paredes, podar árboles y arbustos, limpiar pisos y ventanas, estar sujeto a las constantes picaduras de majes y mosquitos. Aquella residencia que con amor cuido y amplio, a pesar de que en sus años de trabajo remunerado quedaba a mas de una hora de distancia del taller que laboraba.
Con alegría y esperanza leyó con detenimiento; al igual que se animo con las fotos que publicadas de personas de su generación alegres y contentos en aquel albergue paradisíaco cuyo nombre era: “Jesús te Amo”. El mismo quedaba al sur del área metropolitana de la capital. Era el albergue ideal para recuperarse de todos los males que en años recientes había sufrido: cáncer de próstata, derrame cerebral, enfisema, artritis y otros propios de cuando van disminuyendo las fuerzas físicas y capacidad mental o caminar. Ya no seria necesario es estar todas las semanas organizando las pastillas de los medicamentos; pues las mojas o sores se encargaría de tales detalles. De igual forma coordinarían citas a los facultativos y transportación a facilidades médicas. En el folleto se ilustraba una amplia piscina rodeada de exóticos jardines, al igual que las amplias sonrisas de los asistentes. Lomas que le entusiasmo fueron las terrazas donde podía jugar domino, los autobuses para las excursiones, escuchar música de su generación, entablar conversación con otros seres humanos. Hacia tantos años que había estado como el Coronel de la novela escrita por García Márquez” El Coronel no Tiene Quien le Escriba”; es que ya eran mas los muertos conocidos que los vivos que conocía.
Fue aquel domingo, que era Día de los Padres, cuando con entusiasta algarabía que los familiares lo llevaron al “Jesús Te Amo”. La facilidad estaba llena de familiares de los que allí se alojaba. Sonaban por los alto parlantes música alegre y bailable, como una fiesta a todo dar. El se mostró feliz y contento de llegar al paraíso.
Sus familiares tras alternar con otros familiares de los internados sigilosamente llevaron sus equipajes a la oficina central. Tras besos y abrazos subrepticiamente partieron. En los ojos de Amparo par de lagrimas surtían. Esa noche Juan Ricardo por los efectos de los medicamentos ni se acuerda cual fue la habitación le asignaron.
Fue al despertar el siguiente día que adquirió consciencia. Su habitación no media mas allá de el espacio que ocupaba un sarcófago en el camposanto. La sala de espera estaba llena de sillones desvanecidos ocupados con personas que ya estaban en fila para su último recorte. En el comedor le sirvieron avena a medio cocinar llena de gorgojos. La piscina o alberga lucia de un verde esmeralda mas propia para ranas, batracios y renacuajos. Las sonrisas de las sores y demás empleados se había tornado en amargo y autoritario rictus. Al intentar comunicarse por el celular se dio cuenta la señal había sido cercada.
Fue cuando su mente advino a la conciencia que el albergue “Jesús te Amo” era en realidad de un almacén de donde se acumulaban las almas muertas.
En aquel instante en su mente recordó las mil y unas quejas y dolamas de recientes años. De sus años de trabajo y esfuerzo donde debió renunciar a su propio dicha y gozos por el garantizar el bienestar de su familia.
La semana siguiente cuando llego el momento de la visita de los familiares fue que notificaron no estaba, que había escapado y desaparecido.
Juan Ricardo, alias Juan Germán, el Príncipe o tal como le llamen la ultima vez que le vi estaba en el corazón de la Cordillera blandiendo machetes en sus dos manos. Despejando como el Bautista el camino al Paraíso.


Comentarios
Publicar un comentario