Pensamiento del Día


 

2025 mes 04 día 14 Pensamientos del Día






 

Pensamientos del día, o mas bien de la noche. Es que usualmente durante las horas diurnas siempre estoy haciendo o inventando algo físico. Hoy fie el adentrarme a la selva, mas bien al otro lado de la colindancia para podar arbustos y arboles cerca de la verja. Tuve la suerte que mi hijo mayor accedió a estar presente por si me pasar algún percance; aunque nunca le pedí o sugerir que el cruzar la cerca con temor que pudiera exponerse a un accidente. Me ayudo al acompañarme y pasarme por encima de la verja de eslabones las herramientas. La labor duro dos o tres horas en lo que con el machete, la tijera y la sierra despejé el en lo mejor que pude la colindancia con el predio vacío adyacente.  Desde, creo tras el paso de María, no me había aventurado a cortar arbustos y ramas de la colindancia.  Corte las recrecidas lianas, pode las ramas de los arboles de almendros y otros. En un momento al cortar una de las ramas gruesas sobre uno de mis brazos cayeron de golpe. Temí que con el recio impacto me hubiese fracturado el brazo derecho; por suerte no llegó a tanto.  En el ínterin de esa jornada le pedí a mi hijo que me proveyera de una botella de agua y pasar la cajetilla de cigarrillos.  Era para momentáneamente hacer un descanso.  La faena que comenzó a las nueve de la mañana concluyo felizmente cerca del mediodía. Sali del predio jadeando con el machete en mano hacia el predio más despejado detrás de las casas de los vecinos que colindan con el predio abandonado.  No sé, quien sabe si algún conurbano que no me conoce, al verme surgir con machete en mano se haya alarmado asumiendo no se que cosa y llamado al 911 asumiendo fuese yo un asesino.

 

Hoy día hay quien por temor se escandalizan ante lo que antes eran escenas y actos consuetudinarios al observar un trabajar con su machete. Son los mismos que no se dan por enterados cuando al lado de su casa hay una recurrente agresión de palabras ente los vecinos inmediatos que en algunas ocasiones concluye en una muerte o asesinato, aun sea por que indirectamente en medio de una discusión acalorada se haya producido un ataque cardiaco.   Hay muchas muertes y asesinatos que pasan desapercibidos al no existir ni la mínima cintilla de haber ocurrido un acto físicamente violento. Pero los que conocemos sabemos que en ocasiones con constante humillación, denigración, insultos y maltratos sin tener que agredir físicamente a la víctima también se mata.  Mi consejo es que ante una relación toxica es imperativo buscar ayuda antes de morir por un infarto.

 

Me muevo a otro s temas. Al recuerdo de mi abuela Lucía cuando con sus manos y el rodillo amasaba para confeccionar pastelillos de carne o jueyes.  Aun mi paladar los deleita, tal como cuando secábamos al sol los carapachos de jueyes para hacer jueyes al carapacho. Recordar es vivir.

Concluyo este pensamiento del día con aquella narración propia de Semana Santa que titule

 

Superstición, Filosofía y Fe

 

Es la noche de Viernes Santo donde según la tradición cristiana ha muerto Dios. La que se dice noche negra donde aquelarre celebran las brujas con el fin de hacer todas la magias, pociones y hechizos. Hay otras supersticiones menos malignas, son las piadosas que prevalecen dentro de los creyentes. Recuerdo la primera plana, o la mención  la misma, del sensacionalista diario El Imparcial allá en la década de los años del 1950. En la época que la población tenía inquietud por lo que sucedería a nuestros compatriotas enlistados por el Servicio Militar Obligatorio para ser combatientes en la guerra en Corea. Fue en un pueblo de la Cordillera Central, Adjuntas, Corozal o Utuado; que al un campesino transgredir el mandato que en Viernes Santo no se trabaja, al cortar un tubérculo en su finca apareció el rostro de Cristo.  En esos mismos años ocurrió la aparición en el barrio Rincón de Sabana Grande de la Virgen del Pozo, el que se convirtió en lugar de peregrinación a todos los creyentes en la isla. Tengo recuerdos de un viaje que dieron mis abuelos maternos residentes en la costa oriental de la isla hasta ese remoto santuario en el extremo suroeste. Viajé de todo un día para la época. 

 

De niño me enseñaron que en Viernes Santo no se podía realizar ningún trabajo físico. El cocinar se hacía en la víspera: pescado en escabeche, bacalao a la Vizcaína, arroz con calamares y habichuelas rojas marca diablo. Se entendía que si se cortaba, planchaba, barría, cocinaba, freía era como estar haciéndolo sobre el cuerpo de Cristo. Tras pasar el Domingo de Ramos el momento era para hablar en voz queda, en murmullos. La música únicamente la solemne y clásica, nada de rumba, boleros o plenas. En la academia era semana de retiro: estar todo el día en la iglesia escuchando homilías, participar de los viacrucis, arrepentirse por los pecados, confesar y hacer penitencia. El Jueves Santo la obligación era asistir a la misa en el patio de la Guadalupe, en el mismo que se celebraban los bingos, participar de la misa de la Ultima Cena y luego la procesión siguiendo el palio con la custodia del traslado del Santísimo al monumento.  El Viernes Santo amanecía como si alguien hubiese muerto en la familia y nos vestíamos con las mejores ropas de luto para visitar el Viejo San Juan Los Siete Monumentos. A las tres era la misa de las Siete Palabras y en la noche la procesión del Silencio cuando vestido de penitente con la toga negra, el sombrero de pico y una vela en la mano caminábamos detrás de la imagen de la Dolorosa.

 

Años más tarde me salté las procesiones, misas crísmales, arrepentimientos, homilías, confesiones, luctuosos silencios; aunque siempre mantuve la tradición de visitar los Siete Monumentos acompañando a mi santa madre.  En las veces que no seguí la tradición sucesos infortunados sucedieron. En el 1978 preferí ir a acampar en el Bosque de Río Abajo junto a un matrimonió amigo. En ese mismo año fue que mi madre contrajo una enfermedad que la mantuvo un año encamada incluyendo más de un mes en intensivo. Aunque para eso de milagros soy como Santo Tomas, no fue tras la visita y bendición que le brindo Luis Cardenal Aponte Martínez que comenzó a recuperarse. Aquel hombre sencillo del que se burlaban por su humilde origen, otro jibarito más de los 18 hermanos nacidos de una familia campesina en el barrio La Haya del pueblo de Lajas; al lado de Sabana Grande.

 

En los Viernes Santos también nos tocó la macacoa que en muchos de ellos acabamos en alguna sala de emergencia debido a alguna afección respiratoria, asma, de los hijos. Desde entonces fuese por entender que no asistir a la peregrinación provocara estos males o por el amor que sentía a mi anciana madre para que no estuviese sola ese día en hacer su devoción siempre he acudido a la misma; aun ahora que ya murió.

 

Soy una persona racional y siempre intentó dar una explicación lógica a los acontecimientos. Sé que si alguien ve aparecer la imagen de Dios en un tubérculo o una aparición milagrosa de la Santa Virgen es debido a una potente razón sicológica. ¿No fue durante la Guerra de Vietnam que se multiplicaron las apariciones de otras vírgenes en Naranjito, Caguas y Bayamón?

Es lo que ocurre cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles y nos agarramos de cualquier clavo de posible salida al problema. De forma lógica intentamos comprender y explicarnos esas incógnitas existenciales de la vida creando humanas y plausibles filosofías de porqué de las cosas materiales o el comportamiento mortal. Hoy ante la precaria situación económica de la isla se multiplicaron las filas de creyentes para visitar Los Siete Monumentos en la vieja capital. Hubo quien con razón comento si no era para rezar con la intención que no aumentaran las tasas contributivas de un 7 al 16% sobre las ventas al delta.

 

La Fe es algo diferente, es algo más allá de la superstición o la filosofía. Es una convicción en creer en algo que sobrepasa nuestro pensamiento humano, en algo que existe independiente de lo que creamos; o que en nuestro ser interno sabemos es certero pero no se puede definir. La Fe es algo que sobrepasa la superstición de creer livianamente en que cualquier suceso fortuito es debido a un karma, un trabajo o maledicencia, un mal de ojos o un hechizo. La Fe es ese concepto que vive en ti mismo de que existe algo más allá, independiente de las limitaciones o circunstancias; algo que no se explica en humanas palabras por ser tan divino y excelso como tú mismo. La Fe es esa alma, ese Dios, ese Cristo que habita en ti.

 

Feliz Pascua de Resurrección.

2015 abril 04

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